Si hay un sentimiento frecuente que surge en terapia es, la culpa. Un sentimiento que se vive con dificultad porque limita, y en ocasiones, es incomprensible para el que la vive.

Vivir sin sentir culpa ¿Es posible?

Para ello necesitamos conocernos y ponerle luz a lo que vivimos como culpa, así podremos transformarla en una responsabilidad para vivir y en una oportunidad para crecer.

¿Cuál es la misión de la culpa?

Poder darnos cuenta de que se está vulnerando una ley. Puede tratarse de una ley y/o creencia impuesta de la que somos conscientes, o una ley y/o creencia implícita, no dicha de la que no somos conscientes, pero sabemos que está. Cualquier infracción la sentiremos como culpa, aunque sea necesario hacerlo por nuestro bienestar.

De ahí, la necesidad de empezar a distinguir la culpa que nos limita y la que nos empuja a la Vida.

Cuando sentimos culpa

Hay acciones donde la libertad, el derecho y la vida de otro se ha puesto en juego, y asumir esa culpa, no sólo es necesaria, sino sana. Pagar el precio, de alguna manera tranquiliza. Porque, aunque parezca paradójico, hacernos cargo de nuestras acciones, nos deja en paz.  Y aceptar la propia culpa, evitará que otro se tenga que hacer cargo de ella, aunque no siempre es posible.  A veces, incluso siendo asumida es inevitable que otro se ocupe.

Se suele sentir culpa cuando hacemos algo que sentimos no deberíamos haber hecho, y cuando no hacemos algo que sabemos hay que hacer, como ocuparnos de nuestra propia vida.

No cuidar de nuestra vida, trae malestar.

Leyes y creencias conscientes e inconscientes

La transgresión a una ley o a una creencia, de la que somos conscientes como de las que no, se vive igual.

Aquellas leyes y creencias originadas por el hombre, son susceptibles de interpretaciones y en ocasiones, crean confusión y conflictos personales y comunitarios. Tomar el tiempo para revisar estas leyes y creencias que nos limitan, ayudaran a saber si nos benefician o generan culpas innecesarias.

Las leyes naturales de las que no solemos ser conscientes, tienen que ver con el orden natural en la que los seres humanos estamos implicados. Vienen con el hecho de nacer en una familia, nuestro principal sistema de pertenencia.

Estas leyes de las que Bert Hellinger define como los órdenes del amor, mantienen el equilibrio y la supervivencia del sistema, y cualquier infracción a una de ellas tiene un precio, dificultando la vida.

El derecho a pertenecer, el respeto por los que llegaron antes y sus destinos y el saber recibir y dar donde corresponde, son los tres órdenes en los que los sistemas familiares se mueven, cuando atentamos a alguno de ellos, ponemos en riesgo la vida de algunos sus miembros.

El principal anhelo que tenemos los seres humanos, es la necesidad de Pertenencia. Todo aquello que sintamos como una amenaza de exclusión lo viviremos como una falta. Y a veces, el cumplimiento de ciertas “creencias” nos librará de sentirnos culpables y vinculados, pero nos puede dificultar la vida.

La lealtad hacia nuestro sistema y el “amor ciego” en el que a veces nos movemos, suele ser movido para restituir a los excluidos y a la vez tener sentido de pertenencia, y eso se suele vivir con culpa. Pero en esos movimientos inconscientes perdemos de vista cuidar de la propia vida.

Creencias no revisadas y falta de auto-conocimiento

Cuando la sensación de haber quebrantado algo se incorpora, se siente como una emoción limitante. La energía baja, produciendo estados alterados y deteniendo el flujo de la vida.

La emoción que sostiene la culpa es el miedo, y puede manifestarse en rabia. Miedo a dejar de pertenecer, puro espejismo, porque ya el hecho de estar vinculados nos da el derecho de pertenencia.

Las creencias no revisadas y la falta de conocimiento de uno mismo, ayudan a mantener el sentimiento de culpa.

  • Las creencias que se han mantenido en la familia y que no hemos cuestionado, las creencias sociales, religiosas y educativas que tampoco han sido revisadas, sino que las hemos hechos nuestras incluso en perjuicio de nuestro bienestar.
  • No saber de dónde venimos y la influencia que tiene eso en nuestra vida. Pertenecemos a un sistema familiar, y todo lo que ahí ocurra va a influir en nuestras vidas.

¿Cómo transformar la culpa en una responsabilidad para vivir, y una oportunidad para crecer?

Hay un movimiento, también inconsciente, y es el que nos lleva sentirnos culpables por hacer las cosas diferentes a los nuestros, y sentir que no somos leales. Es lo que llamamos la “culpa buena”, es un movimiento necesario para nuestro crecimiento y avance. Hacerla consciente, ayudará a sostenerla.

“Hay que tener mala conciencia para crecer” dice Hellinger.

Ayudará también:

  • Asumir la responsabilidad de cuidar nuestra vida, nos hará sentir tranquilidad. Hacernos responsable de las cosas que decimos, hacemos y sentimos, nos da mayor capacidad de respuesta para vivir. Nos da, libertad de elección en cómo y lo que queremos vivir, sin esperar que otros lo hagan por nosotros. Dejamos de responsabilizar a los demás de lo que nos ocurre, y nos hacemos cargo de lo nuestro. Ser responsables de lo que hemos creído, ayudará a saber lo que necesitamos y como resolver nuestras necesidades. La responsabilidad ayuda a ver con claridad lo que nos pertenece y lo que no.
  • Ayuda sabernos seres completos porque ya somos, y que tenemos el derecho a pertenecer, por el hecho de nacer.
  • Ayuda comprendernos y conocer nuestra historia. Incluirnos como parte de ella, y mirarla sin adornos, sino con realidad. Aceptando lo que fue y lo que es, respetando los hechos para saber, a quien pertenecen y no cargar con los que no nos pertenecen.

Y termino con esta frase de Hellinger que dice la culpa no nos deja progresar, ya que pertenece al pasado”.