Podrás conseguir que alguien te enseñe cosas mecánicas, científicas o matemáticas, como el álgebra, el inglés, el montar bicicleta o el manejar un ordenador. Pero en las cosas que verdaderamente importan – la vida, el amor, la realidad, Dios… -nadie puede enseñarte nada.

 

A lo más, podrán darte fórmulas. Lo malo de las fórmulas, sin embargo, es que la realidad que te proporciona viene filtrada a través de la mente de otra persona. Si adoptas esas fórmulas, quedarás preso de ellas, te marchitarás, y cuando mueras, no habrás llegado a saber lo que significa ver por ti mismo, aprender.

 

Ver - Terapia Gestalt

 

[…] ”Aventurarse” significa, en este caso, prescindir de toda fórmula, tanto si te la han proporcionado otros como si la has aprendido en los libros o la has inventado tú mismo a la luz de tu propia experiencia. Esto es, posiblemente, lo más aterrador que puede hacer un ser humano; adentrarse en lo desconocido sin la protección de ningún tipo de fórmula o receta. Ahora bien, prescindir del mundo de los seres humanos, tal como hicieron los profetas y los místicos, no significa prescindir de su compañía, sino de sus fórmulas. Y entonces, eso sí, aún cuando estés rodeado de personas, estarás verdadera y absolutamente solo. Pero ¡qué imponente soledad! La soledad del silencio. Un silencio que será lo único que veas. Y en el momento en que Veas, renunciarás a todo tipo de libro, guías y gurús.

 

[…] Una vez que hayas visto, puede que alguien intente ayudarte a expresar tu visión con palabras, pero tú negarás con la cabeza y dirás: “No, no es eso; eso es simplemente una fórmula más…” Puede también que algún otro intente explicarte el significado de lo que has visto, y tú volverás a negar con la cabeza, porque el significado es una fórmula.

 

[…] Y entonces se producirá en ti un extraño cambio, difícilmente perceptible al principio, pero radicalmente transformador. Y es que una vez que hayas visto, ya no volverás a ser el mismo, sino que sentirás la estimulante libertad y la extraordinaria confianza que produce el hecho de saber que toda fórmula, por muy sagrada que sea, es inútil; y nunca más volverás a llamar a nadie “maestro”. En adelante, y en la medida que observes y comprendas de nuevo cada día todo el proceso y el movimiento de la vida, ya no dejarás de aprender, y todas las cosas sin excepción serán tus “maestros”.

Fuente: Extraído del libro «Una llamada al Amor» – Meditación 16, de Anthony de Mello.

… Es en la propia experiencia donde podemos darnos cuenta de lo que nos ocurre, de lo que necesitamos y de cómo nos vivimos. Aventurarse es poder experimentarse desde lo más profundo, con delicada atención y en ese silencio donde el encuentro se hace presente y el aprendizaje viene de la mano.