●  Me siento Triste, pero soy fuerte
●  Me siento sin fuerzas, pero yo soy fuerte
●  Tengo ganas de llorar, pero soy fuerte
●  Yo aguanto porque soy fuerte
●  En estos momentos me gustaría acostarme y no levantarme, pero soy fuerte

Son algunas de las frases que suelen repetirse en terapia. Yo misma las decía en momentos en los que creía debía ser fuerte, porque me sentía triste, sin fuerzas y no veía una salida.

Pero ¿qué significa ser fuerte? ¿Realmente tengo que ser fuerte siempre? ¿De dónde me viene la fuerza para seguir adelante? ¿Qué pasa cuando aguanto?

Preguntas que me vienen ante la paradoja de «cuanto más aguanto, más me siento sin fuerzas». Pero entonces, ¿Para qué aguanto? ¿Qué o a quién quiero demostrar? O ¿Qué pasa si no aguanto?

Lo que es obvio es que cuando me siento fuerte, me siento con energía para hacer las cosas, siento entusiasmo y ganas de moverme, algo me empuja para actuar y, sobre todo, disfruto de la vida.

Cuando aguanto, pierdo toda la energía buscando por todos lados salir de lo que quiero evitar, no me apetece salir y además no encuentro las respuestas que necesito.

¿Soy Fuerte o Aguanto? - Isabel Blanco (Terapeuta Gestalt y Sistémica)

Recuerdo una temporada que estaba pasando por un «mal momento» y donde sentía que había perdido fuerzas físicas y psíquicas, al no encontrar una solución para salir de donde estaba. Un día estaba desayunando con desgana, me sentía agotada, así que decidí dejar lo que estaba haciendo y cerrar los ojos.

En mi formación como terapeuta, me habían enseñado a darme cuenta de lo que sentía para poder vivirlo y no evitarlo. Era una dinámica muy distinta a aquélla con la que había crecido, dirigida principalmente al: «ahora no toca sentir esto», «hay que distraerse» «tienes que ser fuerte», en definitiva, no conectar con lo que me pasaba y de esta manera poderme evadir de nuevo.

Con los ojos cerrados comencé a poner la atención hacía lo que estaba sintiendo y ver hacia dónde me llevaba. Es lo que se llama un «me dejo estar».

Continué con los ojos cerrados y respiré. Percibí mi tristeza, cada vez más profunda, hasta que comencé a llorar. Continué ahí, sin preguntas y evitando cualquier pensamiento, simplemente «viviendo» esa tristeza, y entonces me vino una palabra: Impotencia. Me había acercado a la auténtica experiencia de ese momento.

Tuve la sensación y la imagen de ver mi cuerpo caer sin fuerzas, suavemente en la oscuridad hasta tocar tierra. Ahí tuve ganas de dormir y descansar. Estaba en un lugar seguro, lleno de paz, donde no había nada que hacer, no había temor por nada, ni conflicto. Ahí permanecí un rato, descansando. Ya no lloraba, sólo sentía ganas de seguir tumbada.

Al abrir los ojos pude observar que los colores, de lo que veía, se habían intensificado y me sentía descansada y tranquila, con fuerzas. Estaba recuperando la energía perdida en una lucha por evitar atender lo que realmente estaba sintiendo, buscando respuestas en lugares equivocados.

Vivimos en una sociedad donde el «constante hacer algo» y «que todo va bien», «soy una persona fuerte» en momentos de crisis, está sobrevalorado, como una equivalencia de éxito.  Este no detenernos por un instante y observarnos de manera auténtica, sobre todo cuando se presenta el  dolor y la tristeza, con el insistente rin tintín de «No llores, tú eres fuerte», «Aguanta, tú eres fuerte», que busca su lugar desterrando  todo sentimiento mal visto, lleva a librar una batalla agotadora, en la que  la tristeza, el dolor y el miedo se van instalando en nuestro interior. Da igual que aguantar se presente  en sus diferentes formas,  ya sea sumergiéndonos en el trabajo o en cientos de actividades y nos rodeemos de gente, ahí seguirán estando, a la espera de ser reconocidas, de ser vividas y de que podamos tomar de la energía que brindan cuando pasan. Porque las emociones pasan, sólo permanecen cuando las evitamos.

Nacemos fuertes, con energía, entusiasmo y potencia para vivir. Las emociones son esas energías que nos mueven a actuar. Y su naturaleza radica en ir y venir, el movimiento de la vida. En ese espejismo por evitarlas para «ser fuertes», transgredimos el movimiento natural de la vida y la consecuente pérdida de sintonía con la  fuerza que necesitamos para Vivir plenamente.

Las emociones traen la información para saber que está ocurriendo y qué necesitamos. Suficiente para ir encontrando las respuestas.

Entonces ¿Para qué quiero ser fuerte, cuando en realidad lo que necesito es dejar de actuar, descansar y sentir lo que tengo que sentir?

¿Soy Fuerte o Aguanto? - Isabel Blanco (Terapeuta Gestalt y Sistémica)

Tres cosas me han quedado de esa experiencia; la primera, cuando aguanto algo, evito algo, y eso que evito empuja por salir. Segundo, que vivir la tristeza (como cualquier otra emoción: rabia, miedo, alegría…), es darme la oportunidad de valorar mi estado y atenderlo, de valorar lo que está haciendo por mí e indicarme lo que necesito, de saber que mi fuerza no radica sólo en pensar, sino que es en sentir lo que me mueve. Las emociones traen la información necesaria para ir encontrando las respuestas. En definitiva, poder sentirme hace que me valore y sienta el movimiento de la vida del ir y venir. Y la tercera, es que en la im-potencia, entendiéndola como la ausencia de acción, descubrí el lugar donde puedo dejar de actuar y recuperar la energía en la cual reside mi verdadera fuerza.